En Garibaldi, la primera escuela de Mariachi
Por: Sandra Ortega
N56

En Garibaldi, la primera escuela de Mariachi


La escuela es una “iniciativa que nace de los mismos músicos”.
Fotografías: Eloy Valtierra/eikon.com.mx

A unos pasos de la pulquería La bella Hortencia, en pleno corazón de Garibaldi, concluyó a mediados de febrero el primer ciclo escolar de la única escuela en México dedicada sólo a la enseñanza del Mariachi, la Escuela de Mariachi Ollin Yoliztli, de la Secretaría de Cultura del GDF.
Con 115 alumnos —su capacidad máxima—, esta naciente institución otorga el grado de Técnico profesional en ejecución musical, en las especialidades de violín, trompeta, guitarrón, vihuela y arpa, explica la maestra Leticia Soto, directora del plantel.
Se trata de un proyecto de educación formal con una duración de tres años. Cada estudiante toma 14 horas-clase a la semana. En grupo se imparten las materias de solfeo, historia de la música —del mundo, mexicana y de mariachi— canto y ensamble. Los instrumentos se estudian en clases individuales o en grupos pequeños.
Para ingresar no es requisito haber concluido la secundaria ni la preparatoria, aunque sí aprobar un examen de solfeo y otro de “capacidad musical en el instrumento que quieran estudiar”. La edad mínima es de 14 años pero no hay una máxima.
Las clases se iniciaron el 15 de octubre de 2012 y la capacidad establecida era de 75 lugares, pero al ver el interés, “hablamos con los maestros en la idea de darle oportunidad a todos los que estén en buen nivel y quieran entrar”.
De los 115 alumnos inscritos, solo 11 son mujeres. “Mucha gente piensa que el mariachi es muy masculino, son estereotipos que existen (pero) poco a poco se está haciendo otra cosa. Hay agrupaciones de mujeres en Tlaxcala, en Zacatecas, en Jalisco, en Puebla, en Yucatán, en Chihuahua, y son muy talentosas”.
La mayoría de los alumnos tienen entre 20 y 30 años y muchos de ellos trabajan ya en Garibaldi o vienen de una familia de mariachis.


El plantel es un edificio de líneas muy sencillas y acabados austeros.

“NO SER SÓLO LÍRICO”
La Escuela es una “iniciativa que nace de los mismos músicos”, concretamente de la Unión Mexicana de Mariachis. Ellos solicitaron que se creara para tener la posibilidad de adquirir una formación técnica o mejorar musicalmente. Por ejemplo, el  guitarrón y vihuela son instrumentos que no se estudian en las escuelas. “Si uno quiere aprender tiene que ir a talleres, a clases particulares o con el abuelito”, explica Soto, quien además de ser etnomusicóloga fue violinista de un mariachi durante 20 años en Los Ángeles, California.
El proyecto está a cargo la Secretaría de Cultura, que la integró como una más de las escuelas del Centro Cultural Ollin Yoliztli, el cual tiene más de 30 años de experiencia en la formación de músicos y bailarines.
La escuela está en la Calle de la Amargura 10. El edificio es de líneas muy sencillas y acabados austeros; en el patio interior la luz es generosa y se reparte a los salones contiguos.
Abigail Espinoza tiene 23 años y estudia vihuela. “Mi papá se dedicó mucho tiempo a esto, él nos infundió lo que es la música de mariachi. Tener más conocimientos teóricos, no ser nada más lírico, es lo que me impulsó a venir. Yo vengo por la mañana, de 10 a 2 y los fines de semana toco, soy parte del Mariachi Sentimiento Mexicano y soy la única mujer”.
Con siete años de experiencia como violinista de mariachi, Adriana Hernández, de 37 años, habla sobre la formación de un mariachi. “En México no hay escuelas como esta, la única que había es la que está aquí afuera, que es lírica, que la gente aprende por oído, por tradición, pero estudios teóricos, bien fundamentados, pues no. El mariachi toca sin partitura, todo de memoria y un repertorio muy extenso, no es un trabajo para discriminarse”.
Para ella, “aunque el mariachi es mariachi de todas formas”, con la Escuela “vamos a tener una certificación, nos sirve mucho tener un documento que nos acredite”.

“MÁS ACTIVIDADES, MÁS CLASES”
Soto tiene muchos planes para la Escuela. En 2014 se añadirán a la currícula las materias de contrapunto y armonía.
También, según los recursos disponibles, planea organizar este año un seminario —al que acudan investigadores y especialistas a compartir sus hallazgos y conocimientos—, así como una serie de clases magistrales “para dar oportunidad a personas que no estén en la Escuela, que no tengan tiempo de estar tres años, pero que quieran mejorar musicalmente”.
De manera muy parecida piensa Abigail. “Me gustaría pasar más tiempo aquí, que hubiera más clases, más actividades, porque venir a la escuela y estudiar música mexicana es lo que más me gusta”, dice mientras acaricia el estuche de su vihuela.

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