República de Uruguay
Por: Alejandra Atilano
N28

República de Uruguay

Si camina por la calle República de Uruguay como a las once de la noche, tenga cuidado a la altura del número 90. Cuenta la leyenda que en el siglo XVII, Juan Manuel de Solórzano —un hombre que vivía con la obsesión de que su bella esposa lo engañaba—, hizo un pacto con el diablo. A cambio de saber con quién ella le era infiel, Don Juan Manuel debía matar a quien pasara frente a su puerta a las 11 de la noche.
República de Uruguay es hoy una de las arterias más concurridas del Centro. Corre de oriente a poniente, de avenida Circunvalación al Eje Central y, según sus placas conmemorativas, se llamó en sus distintos tramos Ortega, Páramo Tiburcio, San Agustín, Don Juan Manuel, Balvanera, San Román, Puerta Falsa de La Merced y Santiaguito. Fue en 1928 cuando adquirió su nombre actual.
En los tramos de Don Juan Manuel y San Agustín, fue la primera calle de la ciudad en tener alumbrado público, en 1783. Obedeciendo las órdenes del Virrey, sus habitantes colocaron faroles de vidrio con lámparas de hoja de lata en los balcones y ventanas de sus casas. Todas las noches se encendían, a la hora de las oraciones.
Como si fuera fiel a ese espíritu vanguardista, Uruguay concentra, cerca de Eje Central, tiendas especializadas en tecnología, computación y telefonía celular. Las primeras dos o tres se instalaron hace aproximadamente 25 años; ahora son más de 800 negocios, independientes o dentro de plazas especializadas.
También hay dos restaurantes tradicionales, el Danubio, abierto desde 1936, cuya especialidad son los pescados y mariscos, y el Centro Castellano, fundado en 1958, que ofrece comida española.
A la altura de Gante, huele a pan recién horneado. Es la Pastelería Ideal. Fundada en 1927, ofrece 150 variedades de pan, así como gigantescos pasteles.
Cerca de ahí está la casa donde vivió el naturalista alemán Alexander von Humboldt. Una placa colocada en 1869 recuerda el centenario de su nacimiento.
En la esquina con Isabel La Católica está el ex convento de San Agustín, construido por primera vez en 1586. En 1677 se incendió y fue reconstruido totalmente. Es de estilo dórico romano, con detalles renacentistas, y está rodeado por un jardín que aloja una estatua de Von Humboldt. Entre 1884 y 1979, el edificio albergó la Biblioteca Nacional de México. Ahora está cerrado al público.
Al cruzar Pino Suárez, la actividad comercial retoma fuerza, ahora con las mercerías, tiendas de telas y peleterías. La calle se pinta de colores, en las vitrinas brillan los listones, telas, flores artificiales, botones, estambres, pedrerías y lentejuelas.
Si se avanza hacia el oriente hay que esquivar bolsas, canastas, rollos de tela, diablitos y mucha gente. Entre el ajetreo aparece el único templo de esta calle, la iglesia parroquial maronita de Nuestra Señora de la Balvanera, concluida en 1671, con su vistoso campanario revestido de azulejos azules y amarillos.
Casi al final del recorrido está el ex Convento de La Merced. No está abierto al público, pero vale la pena intentar convencer al vigilante y hacer un rápido paseo por el inmenso patio, un ejemplo único de arte plateresco.
Al caminar por Uruguay se puede temerle al fantasma de don Juan Manuel, elegir un estambre o adquirir el gadget de moda. Opciones sobran.