Casa Serra: 100 años para el arte
Por: Berenice Andrade
N47

Casa Serra: 100 años para el arte

Empezó como tlapalería en 1906, pero se volvió el lugar donde conseguir lo mejor en materiales y utensilios para las artes plásticas. Artistas como David Alfaro Siqueiros, Pedro Friedeberg y Francisco Toledo han estado ante el mostrador.


Carmen Guzmán (izquierda) trabaja en Casa Serra desde 1959.

El rótulo de Casa Serra parece más el de una tlapalería que el de un lugar donde venden materias primas para el arte. No hay tipografías rebuscadas ni dibujos; sólo la escueta leyenda “material para artistas” y el número exterior en una lámina descarapelada.
Adentro, las vitrinas y los estantes verde agua recuerdan más bien una papelería.
La modestia de Casa Serra no corresponde a su historia centenaria ni a su giro; no evidencia que tal vez muchas de las grandes obras del arte mexicano fueron pintadas con insumos adquiridos en este establecimiento de tamaño mediano y decoración cincuentona.
Será que mantiene la modestia de su origen, hace 106 años, cuando sólo era una tlapalería en la calle Regina donde no se vendía otra cosa que candados, tornillos, desarmadores, aguarrás y gasolina.

Sólo para subsistir
Fue en 1906 cuando el español Francisco Serra Glavaguera, recién llegado a México, fundó en Regina aquella antigua tlapalería. Aunque era escultor y dorador de oficio, ese negocio le permitió mantener a la familia. Al mismo tiempo, seguía realizando su obra artística, para la cual usaba materiales que importaba de Europa.
Mientras atendía la tlapalería Serra hacía su trabajo artístico. Entonces “empezó a reunírsele gente que pintaba, escultores, artistas que le pedían material que traía de Francia”, dice Carmen Guzmán, gerente de la tienda.
Desde el otro lado del mostrador, Carmen se las arregla para seguir la charla y contestar las dudas de los clientes que comienzan a llegar.
Es sábado por la mañana y el Centro aún no se satura, así que los clientes todavía son atendidos al azar, sin necesidad de tomar turnos pero, advierte Carmen, en poco tiempo el lugar estará lleno, como cada sábado desde hace varias décadas.
Carmen trabaja en Casa Serra desde 1959, y aunque no se dedica al arte, habla con seguridad sobre materiales, técnicas y artistas.
“Aquí primero estaban el señor padre y el hijo y yo era la empleada. Llegaba, barría, despachaba, sin conocimiento de absolutamente nada. Saliendo de la escuela llegué aquí, entonces comencé a adquirir conocimientos. Ya después se hizo que nos empezó a llegar muchísima gente. Yo creo que todos los pintores conocidos en México y no conocidos han pasado por aquí: Roberto Montenegro, José Luis Cuevas, Rufino Tamayo, David Alfaro Siqueiros, Francisco Toledo, Pedro Friedeberg, o sea, todos los grandes, Phil Kelly, el ruso Vlady”, enlista Carmen.
Y no es que Francisco Serra y su hijo fueran amigos de los artistas (Carmen cuenta que eran incluso parcos y mal encarados, pero de buen corazón), sino que en Casa Serra se podían encontrar materiales que no se distribuían en México como óleos, cola de conejo —un pegamento a base de agua y colas de piel de conejo hervidas—, raspas y gubias.
Para la década de los cincuenta, cuando se mudaron al local actual en la calle de Bolívar, el negocio ya estaba especializado en materiales artísticos.
“Tenían y vendían lo que nadie, desgraciadamente, porque no había gente que conociera el campo y no vendían la herramienta necesaria para trabajar. Entonces de ahí ellos fueron subiendo”.
“Posteriormente el señor murió (1960), su hijo se quedó a cargo. Él tenía una visión grande del negocio y se fueron importando materiales de Francia, Italia, Alemania, Estados Unidos, y últimamente Japón”, agrega.
Un hombre interrumpe y pregunta por un borrador eléctrico. No, de esos no venden en Casa Serra.

Para todos hay
Mientras transcurre la plática, Casa Serra se va llenando. Una mamá con su hijo, una pareja adulta, una mujer con pinta de artista entran, preguntan, pagan y se van. Lo único que la heterogénea clientela parece tener en común es la prisa.
“Manejamos un catálogo dedicado a lo que son materiales para artistas, sobre todo de nivel medio a profesional. Otros niveles más económicos y escolares, para principiantes, los tenemos, aunque no son nuestra bandera”, explica Héctor Ortiz, otro de los seis dependientes de Casa Serra.
La vitrina que ocupa completamente una de las paredes muestra de todo lo reconocible para un novato en la materia: pinceles, tubos de pintura, paletas, caballetes, libros y modelos a escala de figura humana, de madera. Cualquier aficionado podría comprar en la tienda a la que Toledo todavía le hace pedidos.
Pero sus clientes principales no son estudiantes de arte, ni niños, ni artistas plásticos de renombre, sino artesanos que trabajan por encargo.
“No vendemos material únicamente para artistas o para gente que es su hobby, sino que tenemos una labor social en la economía de muchas familias porque damos los suministros para talleres. La clientela que sostiene nuestra forma de trabajo son precisamente los talleres. Muchos de nuestros materiales son insumos para la elaboración de artesanías, y la restauración de imágenes religiosas”, explica Héctor.


Casa Serra ofrece tanto materiales tradicionales como de punta.

De ayer y de hoy
Fue a partir de 1979, cuando se formó una nueva administración —una sociedad anónima integrada por empleados y familiares de Francisco Serra—, que la tienda se convirtió en la más especializada en su ramo en México. En 1996, abrieron una sucursal en el Centro Nacional de las Artes.
De los estantes color verde agua, Héctor, quien lleva 20 años en Casa Serra, saca un cajoncito con decenas de diminutos instrumentos metálicos. Son plumillas. Con una sonrisa cómplice, Carmen toma una y la enseña como si fuera una piedra única.
“Aquí vas a encontrar una plumilla, y uno se pregunta ¿quién va a usar ahorita una plumilla? Esto ya no se usa”, dice Carmen.
“Es lo que se veía en las películas, con el tintero”, agrega Héctor.
“Ahorita ya tienes la ventaja de la tecnología”, continúa Carmen, “después de la plumilla llegaron los plumones y ahorita es la computadora. El tiempo ha ido avanzando, pero hay personas que todavía quieren aprender cómo se usaba una plumilla, entonces (…) seguimos trabajando con los materiales que ha habido y que hay”.
Si algo es una tendencia en el mundo del arte, estará en Casa Serra. Por ejemplo, lo último para aerografía y programas de cómputo especializados. 
“Seguir avanzando pero conservando las bases, la tradición, la historia”, es uno de los principios de esta casa, indica Héctor. “Seguir atendiendo a los clientes que ya están muy arraigados” e “ir capturando nuevos clientes, porque se cumplen ciclos”.
“Cambian sustancias, los proveedores también descontinúan materiales que anteriormente se consideraban tradiciones y hoy sabemos que podrían ser tóxicos. Eso es Casa Serra precisamente: una combinación de toda la tradición y no de 100 años para acá, no: nosotros mantenemos materiales que se han utilizado desde hace 450 años”, como la cola de conejo, explica.
Nada en Casa Serra es más antiguo que las herramientas de trabajo del mismo Francisco Serra, las cuales el consejo administrador todavía conserva con la idea de tal vez hacer un pequeño museo.
“No tenemos por qué desechar las cosas sólo porque estén viejas”, concluye Héctor.

Casa Serra

Bolívar 87-A, M Isabel La Católica.
Lun-Vie 10-18hrs., Sáb 10-13:45hrs.
Tel. 5709 2102.

www.casaserra.com.mx

 

Aquí puedes leer los Oficios y Beneficios anteriores:

46: Arena Coliseo: 69 años de lucha libre en el Centro

45: Una experiencia cien por ciento mexicana

44: Comercios en La Merced