Edificios Históricos

La Nana, Fábrica de las Artes

Este edificio, inaugurado en 1908, es obra del arquitecto Genaro Alcorta y ejemplo destacado de la arquitectura industrial de principios del siglo XX. Fue primero subestación eléctrica destinada a la recarga de los tranvías, posteriormente sede del conocido Salón México, y ahora del proyecto cultural La Nana, Fábrica de las Artes.

Ex Iglesia de Corpus Christi

Del primer convento para indias caciques fundado en América, un jueves de Corpus de 1724, sólo queda el templo. Sus estrictas reglas exigían a las monjas vivir en perpetua abstinencia, practicar ayunos y sólo consumir cereales humildes, es decir, haba, frijol y maíz. Cuando las hijas decidían tomar los hábitos, sus padres financiaban grandes festejos para despedirlas, por lo que se tiraban cohetes y se ofrecía comida y refrescos.

Teatro Metropólitan

Este recinto nació como sala de exhibición cinematográfica, en el apogeo de la llamada Época de Oro del cine nacional. Actualmente funciona como teatro y sala de conciertos, y todo el año presenta espectáculos de calidad internacional. Vale la pena conocer el Metropólitan por sus cualidades arquitectónicas. La fachada tiene elementos art déco muy simplificados, que contrastan con el eclecticismo del interior.

Alameda Central / Hemiciclo a Juárez

De los jardines particulares medievales, consagrados al recogimiento y ascetismo, a los parques públicos destinados al regocijo, hay más que sólo siglos de por medio. La Alameda, el parque público más antiguo de la ciudad de México y del continente americano, transmite tintes renacentistas: la idea de pasearse, caminar o encontrarse con los otros es síntoma de que la capital novohispana nació con ciertos rasgos modernos.

Hospital de San Hipólito

Al lado del templo se halla un edificio que sirvió como hospital para dementes —enfermedad que en el Virreinato no se vinculaba con la psique, sino con la credulidad y la fe religiosa—, que fue asistido por los hermanos de la caridad. Su construcción data del último tercio del siglo XVIII, como lo revelan su fachada recubierta de tezontle; las accesorias al frente que aún se conservan, así como uno de los dos atrios que sobrevivió a la especulación urbana.

Iglesia y Panteón de San Fernando

De este lugar partían los misioneros franciscanos a evangelizar, descalzos, el extenso y desconocido territorio nómada del norte. Del Colegio Apostólico de Propaganda Fide sólo quedó la iglesia, el panteón y una parte del edificio: un barroco mexicano de cantera y tezontle que tardó veintiún años en ser construido (1734-1755), y hasta la primera mitad del siglo XIX poseía una de las mejores bibliotecas y pinacotecas de la época virreinal.

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